Boletin Salesiano

 
CARTA A UN AMIGO QUE ERA SALESIANO
P. Jorge Garcia. sdb,
 

 

La noticia la devoré el viernes 12 de marzo de este año 2004 en la página 12 de la sección "D" del periódico El Comercio: "E. Delgado renunció al sacerdocio". Con sinceridad confieso que me estremecí. Leí la noticia varias veces. Inmediatamente advertí la escasa capacidad que tiene el (la) periodista para manejar este tema, puesto que utiliza los términos con total ignorancia de su contenido: "desde ayer, Eduardo Delgado no pertenece más a la Iglesia Católica" y explica después "en un acto en la Casa de la Cultura Ecuatoriana, el ex salesiano anunció su alejamiento de la vida religiosa para dedicarse a la lucha de los empobrecidos". Sería bueno saber que no es lo mismo "no pertenecer a la Iglesia Católica que dejar la vida religiosa".

Luego, en pedacitos, como acomodando las cosas para que no saliera el artículo tan largo, macheteando las expresiones que seguramente eran más largas, y acomodándolas a la finalidad de quien escribe, fueron saliendo otras frases entrecomilladas que van dejando ver los motivos por los que nuestro buen hermano y amigo Eduardo deja el sacerdocio.

Habla de presiones del Nuncio Apostólico Alain Paul Charles Lebeaupin, y de haber sido arrinconado a fin de que tome una decisión: "ser sacerdote o seguir con la lucha de los pobres de mi país". La conclusión fue que optó por lo segundo. Yo sé que no es posible juzgar esta situación por lo que dice la prensa en unos cuantos renglones y además poco iluminada. Pero esos renglones sí me dan pie para hacer algunas reflexiones para aquellos que conocen a Eduardo Delgado y que le quieren, porque se lo merece. También pienso en los miembros de la Familia Salesiana que sufren al conocer esta decisión. Que un hermano sacerdote se retire de esta vocación, a muchos nos hace sufrir.

 

Querido Eduardo:
Te conozco desde hace más de 20 años, porque te encontré en el año 1979 en Instituto Superior Salesiano en la 12 de Octubre y Wilson, cuando eras estudiante salesiano de filosofía. No es que tenga muchos detalles en la memoria, pero eras y sigues siendo un tipo simpático, amigable, inteligente. No es difícil hacerse amigo tuyo. Tu espíritu inquieto y rebelde, sin ser pendenciero, más bien pedía admiración que reproche. Como sacerdote joven te entregaste, porque la Congregación Salesiana te envió, a esos niños de la calle que despertaron el amor e interés de tu corazón salesiano, de un hijo de Don Bosco.

Tú sabes lo que significa la "vocación" en la Iglesia y en la Congregación. No es querer realizar un proyecto, sino "ser querido" por Dios para una misión. Ni siquiera es poder dedicarse a los pobres, como dices en ese artículo citado arriba. Para dedicarse a los pobres no es necesario hacerse salesiano, ni siquiera es necesario ser cristiano. Hay muchos buenos ateos que también dan la vida por los pobres. Tú sabes que la vocación salesiana es compartir los anhelos de Jesucristo para salvar a los que están perdidos en el mundo viéndolos con el amor con que Él los ve y dando la vida por ellos: "Vine a buscar y a salvar lo que estaba perdido" (S. Lucas, 19,10). En pocas palabras, ser salesiano significa seguir a Cristo, para salvar a los jóvenes, sobre todo los más pobres, en la forma en que lo hizo Don Bosco.

Eso tú lo sabes desde hace mucho, desde que hiciste tu profesión religiosa en la Congregación Salesiana, consciente y libremente, y sabes que esta Congregación tiene unas Constituciones o Reglas de vida, donde se define con mucha claridad la identidad de todo salesiano.
A los pobres y los empobrecidos D. Bosco les dedicó su vida y lo mismo hicieron muchísimos salesianos a lo largo de 185 años de historia de la Congregación. También tuvieron dificultades, también encontraron incomprensiones, pero habían tomado como modelo a Jesucristo, y como Él, se mantuvieron firmes en sus convicciones, gracias a la fuerza de la gracia de Dios, que es el que salva.
Me duele saber lo que te ha pasado y te digo con afecto que no veo digno de tu categoría humana, que siempre admiré en ti, el tratar de justificar tu abandono del sacerdocio echando la culpa a tu Iglesia, que tú ves personificada en algunas de sus autoridades, acusándolas además de ciertos pecados y debilidades. No hay duda de que en la Iglesia todos somos pecadores y tenemos que convertirnos pero, repito, no tiene que ser esa lamentable realidad la que te arrincone para que tomes una decisión en la que están implicadas otras realidades tuyas muy personales que podrían ser la verdadera causa de tus opciones recientes.

Es muy simple. En la Congregación Salesiana no se puede combinar la opción por los pobres con la opción política que implica relaciones vinculantes con grupos que tienen siempre una mirada parcial sobre esa realidad de los pobres a los que tú quieres salvar.
Si has tomado la decisión de abandonar el sacerdocio y la Congregación Salesiana porque piensas que te impiden luchar por los empobrecidos, no hace falta que lo hagas lastimando y acusando a otros. Asume con entereza tu responsabilidad, y así, con entereza y la frente alta, entrégate a tus ideales, tan buenos y tan humanos, y que ciertamente atraen la simpatía y el apoyo de toda la gente buena.
Desde estas líneas te expreso mi simpatía y afecto. Te deseo todo bien de Dios y todo el apoyo de quienes también, desde otra trinchera, luchamos por lo mismo. Que tu nueva condición no nos separe ni nos coloque en bandos opuestos. Tu coherencia es un valor y provoca admiración. Que puedas hacer el bien a todos los empobrecidos, por los cuales derramó su sangre Nuestro Señor Jesucristo y por los cuales también dio su vida San Juan Bosco y la dan muchísimos salesianos en el mundo de hoy. A muchos de ellos tú los conoces.

Tu amigo:
P. Jorge García M. sdb
Quito, 16 de marzo de 2004