| Boletin Salesiano |
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DESCUBRAMOS
LA PALABRA DE DIOS
P. Alberto Henriques, sbd (segunda parte) |
| Palabra
que ilumina y cuestiona
El mensaje bíblico, a medida que lo vamos interiorizando y lo comparamos con el Reino de Dios, que Jesús anuncia y hace que comience a asomarse en el horizonte de la historia, se convierte en una guía poderosa para la vida en todos sus niveles personales, comunitarios y sociales. No es solamente "un mensaje a la conciencia", no se trata de una enseñanza privada y moral como un buen consejo. La Palabra y la vida de Jesucristo tienen tal fuerza e impacto que deslumbran la vida, desenmascaran las falsedades e hipocresías de la vida diaria, queman como un fuego abrasador, desinstalan de las seguridades egoístas que encierran la vida bajo el parapeto de la ley del mínimo esfuerzo. A la luz de la Palabra
del Señor, las familias manifiestan sus debilidades y traiciones
al amor, la vida social y pública se desnuda de sus mentiras e
injusticias, y se va poniendo el dedo en la llaga de tantas actitudes
y situaciones de pecado. Ante la propuesta cristiana del Reino de Dios,
se pueden ir descubriendo los caminos perversos de esta sociedad que privilegia
a una minoría mentirosa que hunde en la angustia siempre más
a los más pobres.
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Palabra
compartida |
No se trata simplemente de compartir palabras y conocimientos; mucho más profundamente, Jesús invita a compartir la vida, el ser de cada uno. Lo recordará claramente: "Ámense unos con otros, como yo los amo a ustedes. No hay amor más grande que este: dar la vida por sus amigos" (Juan 15, 12-13). Es decir, vivir la comunidad cristiana es un llamado a crecer todos los días en la profunda interrelación del amor, donde nadie busca sus propios intereses, sino que el beneficio personal está unido al beneficio comunitario. Pero ello pide madurar en la generosidad de la vida, en el vaciamiento del egoísmo de cada uno. Esta tarea no es difícil ni imposible cuando la vida se centra en el mismo Cristo. La comunidad cristiana es una semilla del Reino de Dios que vive la fraternidad, se manifiesta en el servicio concreto y amplía su acción hacia las demás personas en la familia, en el trabajo, en la sociedad. El amor comunitario no se cierra en grupos sectarios, sino que se abre de modo misionero. La raíz de la comunidad está en el mismo Jesús: "Asimismo, si en la tierra dos de ustedes unen sus voces para pedir cualquier cosa, estén seguros que mi Padre en los cielos se la dará. Pues donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, Yo estoy ahí en medio de ellos" (Mateo 18, 19-20). Es decir, el Señor se prolonga en la comunidad cristiana, que es la misma Iglesia que hoy sigue viva reuniéndose fraternalmente. Por ello, deberíamos revivir nuestro sentido de Iglesia: somos la Iglesia, seamos parte viva de ella. Es muy importante vencer las costumbres y actitudes individualistas y anticomunitarias que no reflejan esta característica fundamental del mensaje de Jesús. Las personas no creen tanto a nuestras palabras, sino a la manera como vivimos. Por ello, es importante el testimonio comunitario, frente a la mentalidad y la práctica privada y egoísta que se respira en nuestro tiempo. (continuará en el próximo BS) |