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FRUTOS
DEL SISTEMA PREVENTIVO
P. Pascual Chavez Rector Mayor |
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Teresa
Bracco
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En esa circunstancia el Papa dijo: "Señalo a los jóvenes esta chica [ ] para que de ella aprendan la límpida fe atestiguada en el empeño cotidiano, la coherencia moral sin compromisos, el coraje de sacrificar, si es necesario, también la vida, para no traicionar los valores que a la vida le dan sentido". Fernando Caló Fernando nace en plena Segunda Guerra Mundial, en 1941. Nunca conoció al padre, ni el calor de un hogar, ni el afecto de una familia. La mamá, una niña-madre, servía como empleada en una casa y podía dedicar muy poco tiempo al hijo, que fue huésped de varios orfelinatos. A los ocho años entró en el instituto salesiano de Estoril en Portugal. Cada tarde volvía a su paupérrima habitación donde lo esperaba la mamá y con ella rezaba antes de dormir. El carácter de Fernando no era ciertamente el de un santito, tenía un temperamento vivo y rebelde, estallaba de rabia ante el menor reproche, le costaba controlarse y generalmente frecuentaba compañeros poco recomendables. |
El director lo comprendió y le concedió confianza, hasta el punto de hacerle una propuesta inesperada: ser apóstol entre los compañeros más recalcitrantes y difíciles. Fernando aceptó el desafío, formando un pequeño grupo de cuatro amigos algo calaveras. "No son los mejores, son capaces de meterse en líos si hace falta; los demás en quienes Ud. piensa son demasiado buenos para este tipo de muchachos", le dijo al director. Tenía dos grandes
pasiones: el fútbol y la trompeta. Hacia el final de 1954 comenzó
a escribir un diario, testigo de su empeño de querer mejorar. Dos
años después, durante los ejercicios espirituales, trazó
el programa de su vida: Quiero sujetar mi curiosidad y mortificar mi vista.
Quiero ser apóstol de la Virgen Inmaculada. Quiero ser sacerdote.
El 20 de abril de ese mismo año, 1956, durante un encendido encuentro
de fútbol en el patio, se golpeó por casualidad violentamente
la cabeza. Fortísimos dolores le obligaron a ingresar al hospital.
Un compañero, preocupado, le preguntó: "Fernando, ¿y
si te mueres?". "¡Estoy pronto!
Se juega fútbol
en el Paraíso, ¿o no?". El 26 de julio, Fernando inició
su encuentro en el Paraíso. La
santidad juvenil es posible, y si es posible, es un deber. |