Boletin Salesiano
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LA SANTIDAD una herencia que continúa
Una HISTORIA que CONTINUA
 

 

Juan Bosco y María Dominga Mazzarello

Los orígenes


Las Hijas de María Auxiliadora constituyen la familia religiosa nacida del corazón de Don Bosco y de la fidelidad creativa de Santa María Dominga Mazzarello.

Un autor contemporáneo ha identificado a la fundadora con la categoría de la alegría de la cual su vida fue un mandamiento.
"Pero, ¡atención! -alerta el escritor- su vida es una batalla, y la alegría es el arma de sus victorias contra las debilidades, los fingimientos, el decaimiento de espíritu, las actitudes mediocres. Alegría es igual a lucidez, igual a valor".

De esta fuerte cepa nace y crece la gran familia de mujeres que de "campesinas de la colina" llegan a ser pronto capaces de abarcar todo confín. Cuando la cofundadora María Dominga Mazzarello muere, en el 1881, la obra tiene solo 9 años de historia y ya las FMA se han extendido por Italia, han sido acogidas en Francia y se encuentran proyectadas hacia la entonces lejanísima América Latina.
Y por todas partes protagonistas.

Dos sueños y una realidad

La raíz de todo este milagro al femenino está en una invitación que Don Bosco escuchó en sueños dos veces. Se le apareció una bella señora que, frente a un grupo de muchachas que estaban solas en la Plaza de Turín, le dijo: "Son mis hijas, ¡cuídalas!"
Contemporáneamente, en Mornés, María Dominga Mazzarello, mientras caminaba por un sendero del pueblo, vio delante de ella una gran construcción y muchas chicas que jugaban. Una voz le dijo: "¡A ti te las confío!"

A distancia, dos señales sobre la misma longitud de onda mandaban idéntico mensaje: debía nacer también para las niñas y las jóvenes el ambiente educativo que ya existía en Valdocco para los muchachos. Fue así que el 5 de agosto de 1872 las primeras FMA pronunciaron su "sí" como María para ser "auxilio" sobre todo entre las jóvenes. Se llamaron Hijas de María Auxiliadora porque fue la Virgen quien manifestó a Don Bosco la voluntad de Dios para esta nueva presencia en la Iglesia. Por esto el Santo repetía: "Ustedes pertenecen a una Congregación que es toda de María".

 

Vida y obra de Santa María Mazzarello
Santa María Doménica Mazzarello Calsagno nace en Mornese el 9 de mayo de 1837, un pueblo montañoso del norte de Italia. Alrededor de 1849 por asuntos de trabajo de su padre se mudan al caserío llamado Valponasca, donde se ocuparían del cultivo de los viñedos. Permanecerían allí un decenio. Un trabajo intenso y una profunda piedad cristiana caracterizan el contexto familiar en el que la niña se abre a la vida; de su padre aprenderá el "auténtico sentido del trabajo" .También el verdadero sentido de Dios, que María Doménica expresará sencillamente en su característico "gusto por lo auténtico", que distingue su oración y ascecis.
El período transcurrido en la Valponasca aparece como el más rico de la formación espiritual de María Doménica, que volverá al pueblo más madura, después de verse templada en el sacrificio y corroborada por la gracia.
Es significativa en esta etapa de vida la pertenencia de María Doménica al "Pía Unión de las Hijas de María Inmaculada".
Este grupo es para ella expresión de una vasta apertura apostólica dentro del mismo, crea nuevas relaciones y se consagra a Dios de forma explícita "con el ejercicio de la caridad".
Los orígenes de su apostolado están íntimamente ligados al sufrimiento, con aquel tipo de sufrimiento llamado incomprensión y soledad, que vivido en un silencio de relaciones y colmado de felicidad, prepara la génesis de una misión eclesial auténtica.
En 1864 aparece la figura del sacerdote turinés Don Juan Bosco. La vislumbra con intención perspicaz y casi profética, los dones de naturaleza y gracia de aquella joven que, junto con otras de la Pía Unión, le es presentada por Don Pestarino.
María Doménica intuye la Santidad de Don Bosco, siente su atracción y más tarde se asocia a su proyecto de fundación del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, que él quiere que sea un momento vivo de gratitud de la Madre de Dios.
Llegó a la simplicidad del espíritu y, expandiéndose, realizó una vasta misión, la de Madre y cofundadora de una nueva Familia religiosa, para el bien de toda la Iglesia.
Muere a los 44 años el 14 de mayo de 1881.

 
  MAA MAZZARELLO MAESTRA Y EDUCADORA  
 

Sor María Lastenia Ojeda, fma

Cada criatura que viene a este mundo tiene una misión específica que realizar en beneficio de los demás, una misión en la que nadie puede suplirla ya que el Dueño de la vida privilegia a sus hijos e hijas desde el vientre de la madre, en un tiempo determinado y en un espacio geográfico concreto así: "La Providencia que encomendaba a Don Bosco una obra destinada a la gloria de Dios le preparaba sin saberlo y en otra esfera de acción el instrumento necesario… el instrumento que tenía que ser puro y dócil y Dios lo eligió y lo formó de una criatura humilde, María Mazzarello".
María Doménica es una mujer extraordinaria desde cualquier punto que se la mire, tiene mucho que decir… a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Es una mujer de mente clara y de amplios horizontes que intuyó que el Señor le llamaba para ser "educadora" de miles de jóvenes, comenzando con las muchachas de su pueblo, Mornés, y más tarde, hasta los confines de la tierra a través de sus hijas esparcidas hoy en los cinco continentes.
Los designios de la Providencia son maravillosos y excepcionales y no mera casualidad de acontecimientos, de hechos y personas. Es así como un día se encuentran cerca de la iglesia con su amiga Petronila y deciden aprender costura donde el sastre del pueblo; luego fundan un pequeño taller y allí comienza su obra educativa con dos niñas huérfanas. Esta obra se sigue extendiendo no solo en Mornés, en Monferrato, en Turín, etc., sino hasta las más lejanas tierras de América.

En 1877 la casa de Mornés estaba completamente organizada y Madre Mazzarello tenía un talento de gobierno "extraordinario", aun siendo de origen pobre y campesina había logrado dar a la obra un tono de alegría maravilloso. Se hacía pequeña con las pequeñas; en los recreos tomaba parte en sus juegos y participaba de sus preocupaciones infantiles, sabía despertar en ellas un gran deseo de agradecer a Dios y las llevaba a la piedad, a la devoción, a estar alegres.

En la formación con sus futuras religiosas era bastante exigente. "Deseaba que se formaran con una recia voluntad, capaz de superar las dificultades, sin quejarse, sin murmurar, las ejercitaba en una obediencia pronta y alegre… y no quería gente hipócrita aparentando virtudes que no tenían: "no pretendemos gente sin defectos, les decía, pero lo que sí no podemos aceptar es que alguna viva en paz con sus defectos" (Sálesman Eliécer, Santa María Mazzarello, pág. 176).
Para María Mazzarello la educación no es una acción de intervenciones esporádicas, están dentro de la trama de la vida.
La educación para ella "es el lugar en el quehacer de todos los días, en lo ordinario de las acciones con las que se teje la existencia de cada ser humano. La finalidad de María Mazzarello era ayudar a las muchachas a vivir con dignidad la vocación de cristianas y honradas ciudadanas a ejemplo de San Juan Bosco. Como sabemos la educación es un proceso personal, es una adhesión interior y libre a los valores humanos y cristianos crecer en humanidad y ser cada día uno mismo.

 

María Mazzarello tejió la relación educativa con las muchachas de Mornés, algunas de ellas abiertas y disponibles para acoger la cultura y la madurez cristiana, otras que se dejan condicionar por las situaciones familiares y también se dejan seducir por la vanidad y los atractivos de mundo. Ella una fiel discípula de Don Bosco, asimiló que "la educación es cuestión del corazón". Y con su corazón de madre tiene una fuerte capacidad de entender a las personas, con paciencia y espera, su amor pedagógico se reviste oportunamente de fortaleza y exigencia razonable cuando acompaña.
Para obtener un bien mayor sabe decir un "no" afectuoso, pero firme. En su profunda intuición y sentido realista de las personas, María Mazzarello desconfía de los entusiasmos fáciles, de los fervores ambiguos, de las palabras vacías, de la ambición de los que se ponen en evidencia, de las infracciones de la disciplina, de las falsedades" (Cavaglia Piera, El sistema preventivo en la educación de la mujer, pág. 66).

María Mazzarello es maestra y educadora de la pequeña comunidad de Mornés, pero como su obra se extiende, su proyecto educativo a partir de 1875 se difunde allende los mares con las primeras misioneras enviadas por Don Bosco a América.
Hoy más que nunca cada Hija de María Auxiliadora debe ir al encuentro de tantas jóvenes, en una sociedad empobrecida por los modelos económicos con una visión neoliberal, en la que los pobres están en una situación de peligro, nómadas empujados por la situación de desesperación a emigrar, a emprender un camino de movilidad humana con las terribles consecuencias para niños y jóvenes.
Cabe preguntarse: ¿qué haría Mazzarello hoy?, seguramente iría al encuentro de estas jóvenes que carecen de un hogar, que les falta cariño por la ausencia de sus padres que llevan un vacío dentro y que seguramente no lo podrán llenar durante el resto de su vida.
Pienso que el estilo educativo de María Mazzarello, sigue siendo el paradigma de educación humanizante y humanizadora en los diferentes ambientes en donde se realiza el accionar educativo por lo que es imprescindible llenarse de la gracia divina ya que solamente quien tiene a Dios puede ser testigo de su amor con los que le rodean en cualquier ambiente donde se desarrolla su vida
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  MARÍA DOMINGA MAZZARELLO
UNA MUJER DE AYER Y HOY
 
 

Carmen Cuñas Miranda, fma.
Colegio Cardinal Spellman. Quito

El centro de Mornés pequeño y escondido pueblo perteneciente a Alessandria en Italia, tiene lugares de interés para el visitante apasionado por los antiguos vestigios: puede adentrarse en sus pequeñas calles, en los espacios reducidos entre casa y casa, admirar construcciones todavía intactas, bellos portales y arcos, las torres o los muros del castillo. Sin embargo, dejemos Mornés y adentrémonos en el barrio llamado "i Mazzarelli".

Entre las casas de piedra
Tres grupos de casas, entre las cuales se ve la antigua capilla dedicada a San Lorenzo y a María Auxiliadora, forman el grupo de los llamados Mazzarellos de aquí, del centro y de allá.
En una de las casas de piedra, el 9 de mayo de 1837 nació María Dominga Mazzarello, de padres campesinos profundamente cristianos: José y Magdalena, era la primera de 10 hijos tres de los cuales murieron a tierna edad. María Dominga vivió sus años de infancia y niñez en el sector de "los Mazzarellos de aquí", en la serenidad de la vida doméstica, y campesina. Aprendió a leer de su padre, y también fue él quien le inició en el trabajo del campo; con la madre atendía a las tareas domésticas y la educación de los hermanos. En la familia y en la parroquia se abrió al mundo de la fe, acompañada por un sacerdote rico en sabiduría y en entusiasmo apostólico: Don Domingo Pestarino.
Es en este escenario sencillo, puro y transparente del campo donde Dios va preparando a la primera Hija de María Auxiliadora, que juntamente con Don Bosco será la Fundadora y madre espiritual del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora (salesianas).
El encuentro providencial se da en 1864, cuando Don Bosco, educador ya famoso, no solo en el Piamonte, sino en toda Italia y Francia llegó a Mornés. Descubrió el grupo de Hijas de la Inmaculada, educadoras natas dedicadas al cuidado de las niñas del pueblo; al verlas, Don Bosco soñó un nuevo Instituto de religiosas dedicadas a la educación de las niñas y jóvenes de los ambientes populares, las más abandonadas, las más pobres. María Mazzarello, "Maín", como la llamaban, encontró también la respuesta a sus inquietudes.

 

El 5 de agosto de 1872, María Mazzarello y otras 14 jóvenes arrodilladas al pie del altar pronuncian su "SÍ" como María, para ser auxiliadoras, sobre todo entre las jóvenes, por eso se llamarán "Hijas de María Auxiliadora".
Don Bosco, decide elegir a María Mazzarello como superiora efectiva del nuevo Instituto, ella, sin embargo, se considerará siempre la "vicaria", pues alude que la verdadera superiora es la Virgen, a cuyos pies colocará cada noche las llaves de la casa.
Estudiando la vida de María Dominga Mazzarello, uno se da cuenta de que en su raíz más profunda hay un atractivo secreto semejante a un imán: Dios.



Esto se ve en la infancia, en la preadolescencia y en la juventud que están como envueltas por el pensamiento de Dios que todo lo ve y todo lo sabe. Como Hija de María Auxiliadora, Vicaria y Madre, arrastra a las hermanas al compromiso de vivir constantemente en la presencia de Dios sirviendo a la juventud necesitada. De esta manera, ella y sus compañeras dan su aporte valioso y creativo, imprimiendo también un "rostro femenino" al Carisma Salesiano.
Después de una breve pero muy fecunda vida como Hija de María Auxiliadora, con solo 44 años de edad, el 14 de mayo de 1881, María Mazzarello tuvo que emprender el último viaje: ya estaba trazada la vía hacia el infinito. El último trayecto fue ágil, doloroso pero tranquilo.
La Iglesia, en 1951 proclamó a Maín de las colinas, como mujer consagrada por el amor, Santa de dimensión cotidiana y familiar, contemplativa en la acción, capaz de concebir hijas que ya han llegado a los confines del mundo.

 
  SANTA MARÍA DOMINGA MAZZARELLO
UNA VIDA PROYECTADA EN EL TIEMPO
 
 

Sor Lupe Erazo, fma
Esta mujer, nacida en Mornese, en el año 1837, de una familia pobre, es la cofundadora, junto con san Juan Bosco, del Instituto de las FMA, de alcance mundial.
Dios, que guía y suscita en cada momento a personas intrépidas para llevar a cabo su misión en el mundo, hace de María Dominga un ser sencillo, humilde y sensible a las inspiraciones del Espíritu.
La familia es el primer seminario en donde nacen y se cultivan las vocaciones cristianas. Por lo mismo, podemos decir que sus padres son los primeros sembradores del amor de Dios en el corazón de Maín. A los 15 años se ofreció a Dios con el voto de virginidad, cosa rara en un pueblo, en el que las chicas sueñan con encontrar marido y formar la propia familia.
Era una joven creativa. Fundó en el pueblo la Asociación de Hijas de María Inmaculada. La finalidad de esta obra, era la dedicación al apostolado y a las obras de caridad.
Don Pestarino, el párroco del pueblo, observó que en María Mazzarello y sus amigas, aunque no eran instruidas, había gran caridad para con los necesitados y un enorme amor a Dios y fuertes deseos de conseguir la santidad.
El encuentro de María Mazzarello con Don Bosco fue decisivo (octubre de 1864). El santo, que estaba pensando en organizar algo para el bien de las jóvenes, dio vida -con la colaboración de María Dominica-, a la comunidad de Hijas de María Auxiliadora.
En 1872 hizo los votos religiosos de pobreza, castidad y obediencia la joven de Mornese y fue elegida superiora, cargo en el que demostró una insospechada capacidad de madre y animadora de todo un ingente trabajo que se le vino encima como un torrente de agua que desciende la alta montaña.
Como Superiora de la nueva Comunidad fue elegida, por unanimidad, María Mazzarello, y aunque ella se negaba a aceptar, diciendo que era una mujer muy ignorante, sin embargo San Juan Bosco respondió: "Dios le ha dado unas excelentes cualidades para ser superiora, y muy bien se merece este cargo". Y tuvo que aceptar, y fue Superiora General hasta su muerte y obtuvo resultados asombrosos, por su fe y su humildad.
María Mazzarello apenas sabía leer y escribir. Y siendo Superiora General se dedicó a hacer cuarto de primaria entre las niñas pequeñitas, cuando ella ya tenía 34 años. Era un ejemplo que impresionaba mucho.

 

Era el año 1881. Madre Mazzarello ya llevaba 10 años de Superiora, con gran satisfacción de todas sus súbditas, y gozaba de buena salud. Pero un día le ofreció a Dios su vida, por la salvación de una muchacha que estaba en peligro de perder la fe, y Dios tiene buenos oídos para escuchar estos ofrecimientos y aceptó la propuesta.

Madre Mazzarello nos ha dejado una gran herencia espiritual: su carisma. Hablamos de la educación integral de las jóvenes con el estilo del Sistema Preventivo de Don Bosco. Destinatarias son las jóvenes de las clases populares más pobres en todas las etapas de la edad evolutiva, las jóvenes que manifiestan signos de vocación religiosa y las ex alumnas.
La dimensión propiamente misionera es vivida "con vigilante atención a las exigencias de los tiempos y de las urgencias de las Iglesias particulares". Concretamente la misión se manifiesta en:

- Oratorios, centros juveniles y catequesis;
- obras asistenciales y de promoción humana;
- escuelas de todo orden y grado;
- obras de apostolado del pensamiento y de la comunicación social: facultades universitarias, publicaciones de cultura, revistas, colaboración con emisoras de radio y televisión; obras misioneras (con más de 1.600 hermanas en tierra de misión) con particular atención a la mujer.
La experiencia carismática de Don Bosco es vivida con la impronta particular de Madre Mazzarello según el "espíritu de Mornés", con modalidad femenina:
- en la dimensión mística: vida de fe viva, simple y alegre; en la dimensión ascética: enérgica ruptura con la mentalidad del mundo, trabajo intenso, pobreza severa, obediencia generosa, castidad luminosa;

- en la dimensión apostólica, cultural y eclesial. La impronta mariana es el rasgo específico. El lema es el de Don Bosco: "Da mihi animas, coetera tolle".

 

  MARÍA MAZZARELLO
LA MAESTRA ACTUAL ANTE LOS JÓVENES
 
 

Maestras Salesianas
UESMA - Cuenca

"Que cada puntada sea un acto de
amor a Dios"
(María Mazzarello)

Quienes hemos optado por la misión de maestras y además, maestras salesianas, sabemos que a la vocación hay que unir el testimonio de vida.
La fuerza transformadora que empieza a cambiar la crisis italiana de mediados del siglo XIX está encarnada en las grandes figuras cristianas de aquella época, siendo una de ellas MARÍA DOMINGA MAZZARELLO, quien contradiciendo todos los esquemas fue profeta en su propia tierra, después de luchar contra una sociedad machista que negaba el acceso de la mujer a la instrucción.

Las maestras salesianas, conocemos y practicamos el carisma del amor y la alegría en nuestro trabajo, sabiendo que "un pedazo de paraíso lo arregla todo".
Los instantes de paz y felicidad que en el transcurso de nuestra labor diaria se viven en nuestro medio, alivian y solucionan los múltiples problemas grandes o pequeños inherentes a la vertiginosidad de esta realidad globalizadota y vacía de espiritualidad que ha hecho que todo el esfuerzo se dirija a la consecución de bines materiales y acumulación de poder.

 



Una intuición penetrante y un juicio equilibrado y seguro, un fuerte sentido de lo trascendente para expresarlo en la acción, es el pensamiento guía que orienta todo nuestro quehacer y la relación que nos une con un lazo inquebrantable a las jóvenes que se forman en las obras de las Hijas de María Auxiliadora.
Es en verdad una misión que nos hace pensar en que Dios dispuso dentro de los signos de estos tiempos, que nos sintamos realizadas en nuestras vidas, sin poner en primer término el factor dinero y dando mayor importancia a lo esencial que es la formación cristiana de las jóvenes y el vivir diario matizado de una alegría, entrega, disponibilidad y afecto que se ha hecho nuestro ambiente natural y constante.
En este aquí y ahora, la formación salesiana es un reto que demanda de nosotras el ir contra corriente y descartando de la mente de las jóvenes el consumismo y la competencia, para sembrar sencillez y moderación, desechando el egoísmo, inculcar la solidaridad y el hedonismo convertido en sobriedad.
Conscientes como estamos, de que el constante cambio de esta sociedad impone una renovación incesante, nosotras las maestras salesianas, acogemos las nuevas orientaciones pedagógicas calurosamente a la luz de la palabra de Dios y las enseñanzas de Don Bosco.
"Por mucho que nos critiquen sigamos nuestro trabajo, adoptando el siguiente sistema y precioso lema: obrar bien y dejar a la gente que hable" (MB XII, 286).

 

  BEATA LAURA VICUÑA
La hija que ofreció la vida por salvar a la madre
 
 



Nació en Santiago de Chile, el 5 de abril de 1891 y murió en Argentina el 22 de enero de 1904, a la edad de sólo 13 años. El Papa Juan Pablo II la beatificó el 3 de septiembre de 1988.
Su padre es un alto militar y jefe político de Chile. Una revolución derroca al gobierno y la familia Vicuña tiene que salir huyendo, desterrados a 500 kilómetros de la capital. Allá muere el papá y la familia queda en la miseria. Laura tiene apenas dos años cuando queda huérfana de padre.
La mamá, con sus dos hijas, Laura y Julia, emprende un larguísimo viaje de ocho meses hacia las pampas de Argentina. Allá encuentra un ganadero brutal y matón, y movida por su gran miseria, la pobre Mercedes se va a vivir con él en unión libre. El hombre se llamaba Manuel Mora.
En 1900 Laura es internada en el colegio de las Hermanas Salesianas de María Auxiliadora en el colegio de Junín de los Andes.
Allí, en clase de religión, al oír que la profesora dice que a Dios le disgustan mucho los que viven en unión libre.
Laurita se ha dado cuenta de un gravísimo mal: su madre, el ser que ella más ama en el mundo, después de Dios y la Virgen, su mamá Mercedes, vive en pecado mortal y está en grave peligro de condenación eterna. ¡Es terrible!
Y Laura hace un plan: ofrecerá su vida a Dios, con tal de que la mamá abandone a ese hombre con el cual vive en pecado. Comunica el plan al confesor, el Padre Crestanello, salesiano. Él le dice: "Mira que eso es muy serio. Dios puede aceptarte tu propuesta y te puede llegar la muerte muy pronto". Pero la niña está resuelta a salvar el alma de la mamá a cualquier costo, y ofrece su vida al Señor Dios, en sacrificio para salvar el alma de la propia madre.
En el colegio es admirada por las demás alumnas como la mejor compañera, la más amable y servicial. Las superioras se quedan maravilladas de su obediencia y del enorme amor que siente por Jesús Sacramentado y por María Auxiliadora.
El día de su primera comunión ofrece su vida en sacrificio a Jesús, y al ser admitida como "Hija de María", consagra su pureza a la Sma. Virgen María.
Va a pasar vacaciones a donde vive su madre. Manuel Mora trata de irrespetarla pero ella no lo permite. Prefiere ser abofeteada y azotada brutalmente por él pero no admite ningún irrespeto a su virtud. Manuel aprende a respetarla.
En una gran inundación que invade el colegio, Laura por salvar la vida de las más pequeñas, pasa largas horas de la noche entre las friísimas aguas sacando niñas en peligro, y adquiere una dolorosa enfermedad en los riñones. Dios empieza a aceptar el sacrificio que le ofreció por salvar el alma de su mamá.

 


Laura empieza a palidecer y a debilitarse. Siente enorme tristeza al oír de los superiores que no la podrán aceptar como religiosa porque su madre vive en concubinato. Sigue orando por ella. Cae a cama. Dolores intensísimos. Vómitos continuos. Se retuerce del dolor. La vida de Laura se está apagando. "Señor: que yo sufre todo lo que a Ti te parezca bien, pero que mi madre se convierta y se salve".
Va a entrar en agonía. La madre se acerca. "Mamá, desde hace dos años ofrecí mi vida a Dios en sacrificio para obtener que tu no vivas más en unión libre. Que te separes de ese hombre y vivas santamente". Mamá: ¿antes de morir tendré la alegría de que te arrepientas, y le pidas perdón a Dios y empieces a vivir santamente?

"¡Ay hija mía! Exclama doña Mercedes llorando, ¿entonces yo soy la causa de tu enfermedad y de tu muerte? Pobre de mí, ¡oh Laurita, qué amor tan grande has tenido hacia mí! Te lo juro ahora mismo. Desde hoy ya nunca volveré a vivir con ese hombre. Dios es testigo de mi promesa. Estoy arrepentida. Desde hoy cambiará mi vida".
Laura manda llamar al Padre Confesor. "Padre, mi mamá promete solemnemente a Dios abandonar desde hoy mismo a aquel hombre". Madre e hija se abrazan llorando.

Desde aquel momento el rostro de Laura se torna sereno y alegre. Siente que ya nada le retiene en esta tierra. La Divina Misericordia ha triunfado en el corazón de su amadísma mamacita. Su misión en este mundo ya está cumplida. Dios la llama al Paraíso.
Recibe la unción de los enfermos y su última comunión. Besa repetidamente el crucifijo. A su amiga que reza junto a su lecho de moribunda le dice: ¡Que contenta se siente el alma a la hora de la muerte, cuando se ama a Jesucristo y a María Santísima!
Lanza una última mirada a la imagen que está frente a su cama y exclama: "Gracias Jesús, gracias María", y muere dulcemente. Era el 22 de enero de 1904. Iba a cumplir los 13 años.
La madre tuvo que cambiarse de nombre y salir disfrazada de aquella región para verse libre del hombre que la perseguía. Y el resto de su vida
llevó una vida santa.

 
  UNA PERSPECTIVA JOVEN DE LAURA
 
 

Andrea Izurieta y Carolina Guevara
Colegio Cardinal Spellman. Quito

¿Quién es Laura?

"Una joven de ayer, con mensajes para hoy", nació en Chile, en el seno de una familia acomodada, en tiempos de guerra civil. Por razones políticas van al destierro, allí pierde a su padre; luego, junto a su madre, Mercedes y su hermanita pequeña, Julia Amanda hacia nuevas tierras, en busca de esperanza; pasan la extensa Pampa Argentina y se refugian en casa de un hacendado, Manuel Mora, quien se une fuera de matrimonio con la madre de Laura.
Laura inicia el colegio con las Hijas de María Auxiliadora; se muestra aplicada, responsable, amistosa, obediente, albergando en el corazón los mejores sentimientos para todos.
Sufre mucho al saber que su madre vive en pecado, por eso, ofrece su vida al Señor, para la salvación de su madre.
Esta joven a sus escasos 12 años, marcó la pauta para todos nosotros los jóvenes, dándonos un ejemplo de sacrificio, entrega y amor; ella se lanzó hacia la santidad y la alcanzó tempranamente.
Muchas veces los jóvenes vemos pasar el tiempo siendo indiferentes a la realidad, somos rebeldes y no apoyamos de manera cabal a quienes más amamos; mas, aquí, no estamos diciendo que la juventud sea sinónimo de perdición, sin embargo, es importante reconocer que hoy en día los valores espirituales han decaído y no diferenciamos entre lo que está bien o mal, simplemente nos dejamos llevar por las emociones del momento que después nos dejan un vacío humano muy difícil de llenar. Es con este ejemplo de Laura que las hermanas salesianas cultivan en nosotras no solo la teoría de las ciencias académicas, sino también los valores que tanta falta hacen afuera, en el mundo. Tal vez nosotras solas, no seamos mayormente una solución; pero al unirnos muchas, con más valores como los de Laura podremos colaborar para un cambio más profundo en los demás.
Es con el ejemplo y con el amor que las grandes obras del mundo se han llevado a cabo.
Con nuestra mente llena de expectativas, tenemos la oportunidad de continuar la misión de Laura: Mostrar una visión propia de lo que deseamos para nuestro presente y futuro, para alcanzar una mejor sociedad que apoye nuestros sueños, "formar un mundo más hermano, que construya y no destruya que impulse y desarrolle una "una pedagogía de santidad juvenil", pues la santidad es una opción abierta a todas las edades.

 


El padre Pascual Chávez, Rector Mayor de los salesianos, en su Aguinaldo, nos llama a los jóvenes para que estemos conscientes de que tenemos las capacidades suficientes "para alcanzar la cima espiritual más alta, el Everest de la Santidad". Laura la alcanzó, ella es nuestro modelo y queremos seguir sus huellas.


 

  LAURA VICUÑA AFIRMACIÓN DE LA
SANTIDAD JUVENIL

 
 

Valeria Álvarez
Sexto de Ciencias
UESMA - Cuenca


Uno de los aspectos más importantes que consideraba Don Bosco en su enseñanza salesiana, era la opción de que todo joven podía llegar a ser santo, si se lo proponía. Hoy debemos rescatar este hecho, pues hablar de santidad, en estos días se vuelva un pensamiento muy lejano, es como pedir imposibles, pero, en realidad no es difícil, y un claro ejemplo es la beata Laura Vicuña, modelo de adolescente entregada a Dios, y para llegar a donde está ella, lo único que necesitamos las jóvenes es recurrir a la fuerza interior de cada uno, que proviene del Espíritu Santo, que genera una particular experiencia de Dios en cada uno de nuestros corazones.
Hoy existen demasiados jóvenes abandonados, que sin saber cuál es el sendero de su vida, toman caminos de perdición; jóvenes maltratados, desorientados, que no conocen bien a Jesús, otros ni siquiera lo conocen. Hay demasiados jóvenes que no piensan en su futuro por miedo a no poder lograr lo que soñaron. ¡Demasiados!
Es inminente la necesidad de contar ahora, con una juventud santa, con una juventud misionera, que no tenga miedo ni vergüenza de salir a luchar por Cristo; necesitamos urgentemente muchas Laura Vicuña, o que al menos procuren imitarla, porque no queremos más destrucción ni guerras en el mundo, sino por el contrario, personas que sean responsables de su accionar, y que a más de pensar en sí mismas, sepan anteponer el bienestar personal, al grupal o al de su comunidad, logrando así la paz.
Laurita, fue una servidora nata, y esto lo demostró desde muy temprano, ya que, en la escuela, regalaba, a quien le hacía falta, todo lo que poseía, de manera desinteresada, identificándose con la misión apostólica salesiana que se conserva hasta la actualidad, la misma que basa su carisma en la alegría y servicio a los jóvenes.
Todos tenemos tiempo para ir haciendo paulatinamente nuestra santidad; poseemos un tiempo valiosísimo para el cambio en el cual se vive la experiencia del propio crecimiento humano, debemos vivir y enseñar a vivir la santidad a quien nos rodea en "la clave del amor y de la alegría". En un amor filial a Dios, manifestado en la caridad y apoyo hacia quien nos necesita, está la fuente de la santidad.
Pero, como jóvenes, ¿cuál es nuestro compromiso frente a la santidad?
Es cierto que nos falta interiorizar mucho acerca de cuál es nuestra forma de pensar, ¿será que todavía vivimos de una fe muerta, de una fe sin obras?

 



Tenemos la opción de seguir un protagonismo auténtico y de asumir responsabilidades propias, de sentirnos dignos de confianza a pesar de las equivocaciones y errores propios de nuestra edad, ¡arriesguémonos a ser santos!
También necesitamos interiorizar nuestra devoción salesiana como lo hizo Laurita, pero además de todo esto necesitamos sentirnos capaces de lograr todo aquello que nos proponemos para encontrar y ponerle el Norte a nuestras vidas.
Vivamos siempre del amor de Cristo, comprometidos con Él, ya que así, como lo decía Don Bosco: "Podremos vivir para servir", esto es la santidad.

 
  LAURA VICUÑA una vida transfigurada por el amor
 
 

Maritza Izurieta
3ro. Informática
Colegio María Auxiliadora. Quito.

El 22 de enero de 2004, se cumplieron cien años del fallecimiento de una de las más notables hijas de la tierra chilena: Laurita Vicuña. Ella murió a los trece años de edad; pero tan corto tiempo en este mundo no fue obstáculo para hacer tan grandes cosas que el Papa Juan Pablo II decidió beatificarla y ofrecerla al mundo, en especial a la juventud, como modelo de vida.
Lo que hizo Laurita fue muy simple, pero inmenso. Ella, a sus trece años, ofreció su vida a Dios para convencer a su madre que dejara una relación adúltera que empañaba su alma y que hacía peligrar su vida eterna. Lo de Laurita no fue un arranque de amor romántico ni un ofrecimiento superficial. Fue tan serio y tan sincero, que Dios tomó su palabra y se la llevó al cielo. Con este sacrificio, Laurita rescató a su madre de las garras del demonio y la salvó para Dios, convenciéndola que debía enmendar su vida.
Laurita es pues un modelo de piedad filial: no podía ella vivir si su madre moría para Dios. Pero, también es un modelo de rectitud de conciencia. En Chile o en el Ecuador de hoy es probable que el gesto de Laurita hubiera provocado risas y burlas, porque hoy hemos banalizado las relaciones conyugales y hacemos la apología del sexo seguro fuera del matrimonio. Se impulsa el libertinaje y el egoísmo, cerrándole el camino del amor que es entrega para toda la vida. Para muchos adolescentes y jóvenes de hoy lo que vivía entonces la mamá de Laurita era una relación de pareja muy normal y que no podía mover a escándalo a nadie. Para Laurita, en cambio, esa relación era lo que era: un adulterio y, por eso, no vaciló en ofrecer su vida para rescatar a su madre de lo que objetivamente era una situación de pecado.
Laurita es modelo de fe en la oración y en Dios. Si ella se la ganó al pecado y al engaño; si no se dejó engatusar con modernidades baratas que tratan de hacernos creer que en materias de matrimonio y sexualidad cada uno puede hacer lo que quiera sin molestarse por preocupaciones morales; si, al revés, ella, débil y niña, dio la batalla por principios cuya verdad es objetiva, nosotros podemos estar ciertos que siguiendo su ejemplo salvaremos no solo a quienes nos rodean, sino a toda nuestra patria de un engaño tan manifiesto como el que se nos quiere imponer a través de la falacia del divorcio.
La peor fatalidad que le puede acaecer a nuestra patria es la que va envuelta en la ley de divorcio. El divorcio es el puñal en la espalda de los jóvenes de Ecuador. Sin duda, Laurita hubiera ofrendado su vida una y mil veces para impedir semejante traición.
Por eso, al cumplirse cien años de su sacrificio, Laurita nos interpela para que sigamos su ejemplo; para que confiemos en la oración, pero también para que sepamos renunciar a nuestras comodidades por el bien del prójimo, en este caso la juventud chilena, a la cual se quiere doblegar con esta nueva ley. La pregunta que debemos hacernos es entonces la siguiente: ¿seremos capaces de ser hoy día como Laurita Vicuña, una niñita de trece años, fue en su momento, cuando Dios la llamó a dar testimonio de su fe?
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